Receta de lomo al vino blanco: así puedes hacerla paso a paso

Un plato de lomo de cerdo al vino blanco con carne jugosa preparada con una receta tradicional de toda la vida.
Recetas

Receta de lomo al vino blanco: así puedes hacerla paso a paso

Si hay un plato que te salva una comida, impresiona a cualquiera y encima está para chuparse los dedos, es este. Esta receta de lomo al vino blanco es puro espectáculo y súper fácil de hacer. Nada de complicaciones ni técnicas raras de chef: cocina rico, rápido y con ese saborazo que te recuerda a las recetas caseras de toda la vida, esas que te alegran el día. Prepárate, porque vas a necesitar medio kilo de pan solo para mojar en la salsa.

¿Qué necesitas para preparar la receta de lomo al vino blanco? Ingredientes

Aquí tienes lo que necesitas (para unas 4 personas con hambre normal):

  • 800 g de lomo de cerdo (puedes pedirlo en filetes gruesos o en una pieza entera para cortarla tú)
  • 1 vaso de vino blanco (usa uno que te beberías, como un Laus 700 alt., Enate 234 Chardonnay o Fraga Do Corvo Godello)
  • 1 cebolla grande (si es dulce, mejor que mejor)
  • 2 o 3 dientes de ajo
  • 200 ml de caldo de carne o verduras (un gallego de Porto-Muiños te sirve)
  • Un chorro de aceite de oliva virgen extra (marcas de calidad como Elizondo o Finca La Torre)
  • Una pizca de sal y pimienta negra recién molida
  • 1 hoja de laurel (optativo, pero le da el toque)
  • Un poco de harina (para sellar la carne)

¿Cómo preparar la receta de lomo al vino blanco? Elaboración paso a paso

Sigue estos pasos te va a quedar de diez:

1. Sella el lomo para que quede jugoso

Salpimenta los filetes de lomo por ambos lados y pásalos ligeramente por harina (sacude bien el exceso, solo quieres una capina fina). Pon una sartén o cazuela grande a fuego medio-alto con un buen chorro de aceite de oliva. Sella la carne un minuto por cada lado, solo para que se dore por fuera y guarde sus jugos. Sacarla y reserva en un plato. ¡No la cocines del todo aún!

2. Haz el sofrito

En el mismo aceite donde has freído el lomo (si ha quedado muy sucio, retira un poco, pero aprovecha todo ese sabor), baja el fuego a medio. Añade los ajos bien picaditos y la cebolla en juliana o trocitos pequeños. Echa una pizca de sal para que poche antes y déjala sudar unos 8-10 minutos hasta que esté transparente y doradita.

3. El momento clave: el vino

Cuando la cebolla esté a punto, sube un poco el fuego y vierte el vaso de vino blanco junto con la hoja de laurel. Remueve bien rascando el fondo de la sartén con una cuchara de madera para soltar todos los jugos pegados. Deja que rompa a hervir durante 2 o 3 minutos para que se evapore todo el alcohol.

4. Cocinar a fuego lento

Vuelve a incorporar los filetes de lomo a la cazuela (con el juguito que hayan soltado en el plato, ¡no se tira nada!) y añade el caldo de carne. Cubre la cazuela, baja el fuego al mínimo y deja que se haga todo junto durante unos 15 o 20 minutos. Verás cómo la salsa reduce y coge un cuerpo increíble. Si quieres la salsa súper fina, puedes sacar la carne al final y triturar las verduras con la batidora, aunque tal cual está deliciosa.

Posibles variaciones para receta lomo al vino blanco

Lo bueno que tienen las recetas caseras de toda la vida es que no están escritas en piedra. Si quieres darle un giro a la receta de lomo al vino blanco o simplemente aprovechar lo que tienes por la nevera, aquí tienes ideas sencillas pero épicas para cambiar de aires sin complicarte la vida:

Lomo al vino blanco con champiñones

Añadir unos champiñones cortados en láminas justo después de pochar la cebolla es un acierto seguro. Sáltalos un par de minutos para que cojan color antes de verter el vino. La seta absorbe todo el juguito de la carne y del vino blanco, dándole a la salsa una textura más melosa y un saborazo a tierra brutal.

Con un toque de nata para cocinar

Si te van las salsas súper cremosas tipo comida reconfortante, este truco te va a encantar. Solo tienes que añadir un chorrito de nata para cocinar (o leche evaporada si quieres algo más ligero) en los últimos cinco minutos de cocción. La acidez del vino blanco se suaviza y te queda una crema suave que es una auténtica fantasía.

Lomo al vino blanco y mostaza de Dijon

Para los que buscan un punto más potente y con carácter, mezcla una cucharadita de mostaza de Dijon en el caldo antes de añadirlo a la cazuela. El toque picante y ácido de la mostaza combina de locos con el vino blanco y da un aire tipo bistró francés pero hecho en tu casa en un abrir y cerrar de ojos.

Consejos y trucos para preparar la receta de lomo al vino blanco

Para que esta receta de lomo al vino blanco te quede de piso de estudiantes máster chef y no se te quede la carne dura, echa un ojo a estos pequeños detalles que marcan la diferencia entre un plato correcto y un platazo memorable:

  • Sella a fuego fuerte y rápido: el truco definitivo para que el lomo quede jugoso por dentro es marcarlo en la sartén bien caliente solo unos segundos por lado. Si lo dejas mucho tiempo ahí, se secará antes de llegar a la salsa.
  • Elige un vino que te beberías a copas: olvídate del típico vino barato. Si usas un buen Albariño, Rueda o Verdejo, la diferencia en el resultado final de la salsa es asombrosa.
  • Saca la carne antes de tiempo: si no vas a comerlo al momento, deja la carne un pelín menos hecha. Al recalentar el plato, el lomo se terminará de cocinar con el calor de la salsa sin pasarse de punto.
  • Tritura la salsa si quieres: si a alguien en casa no le mola encontrarse los trozos de cebolla o ajo, saca los filetes un momento, pasa la batidora por la salsa y vuelve a juntarlo todo. Te quedará una fina crema de diez.
  • Usa el jugo del plato: cuando dejas reposar el lomo marcado en un plato antes de meterlo en la cazuela, soltará un juguito. ¡Ni se te ocurra tirarlo! Vuélcalo entero a la sartén cuando eches el caldo, ahí está todo el sabor.

¿Con qué acompañar esta receta de lomo al vino blanco? Ideas de maridaje

Un plato tan top como este merece una buena bebida al lado para redondear la experiencia. Dependiendo del plan que tengas —si es una comida de domingo relajado o una cena rápida entre semana—, aquí están las mejores opciones para que aciertes seguro:

Vinos blancos secos y afrutados

Al llevar vino blanco en la propia cocción, lo ideal es seguir la misma línea en la copa. Un vino blanco seco con buena acidez y toques afrutados, como un Verdejo bien fresquito o un Albariño, limpia el paladar tras cada bocado y resalta la jugosidad de la carne de cerdo sin tapar su sabor. Opciones como el Valdamor, Val de Vid Verdejo o Granbazán combinan increíble con el plato.

Vinos tintos jóvenes o de crianza ligera

Si eres más de tinto, no pasa nada, este plato también lo aguanta. Eso sí, intenta evitar tintos súper potentes o con mucha madera que eclipsen la salsa. Opta por un tinto joven tipo Tempranillo o un Mencía fresquito como el Vallobera Reserva, Marqués de Murrieta o Ponte da Boga P. Su fruta madura se compenetra muy bien con la cebolla pochada y el fondo sabroso del guiso.

Cervezas rubias y de trigo

Para un ambiente más informal, una cerveza es la compañera perfecta. Una rubia clásica estilo Lager muy fría aporta un carbónico suave que ayuda a aligerar la salsa. Si prefieres algo más aromático, una cerveza de trigo le va perfecta gracias a sus notas cítricas y especiadas que van directas a potenciar el toque del vino.

Bebidas refrescantes sin alcohol

Si prefieres pasar del alcohol, lo mejor es apostar por zumos o aguas aromatizadas que aporten un toque cítrico. Un agua con gas, una rodaja de limón y unas hojas de menta o un zumo de naranja bien helado cortan la grasa del plato y aportan ese toque burbujeante que sienta de maravilla a este tipo de recetas caseras de toda la vida.

Y ya lo tienes: una receta de lomo al vino blanco tierna y jugosa que es una de las mejores recetas caseras de toda la vida. Es el típico plato apañado que puedes dejar listo de un día para otro (de hecho, al día siguiente la salsa está todavía más rica) y que te soluciona cualquier comida o cena. Acompáñalo con unas patatas fritas caseras o un poco de arroz blanco y a disfrutar. ¡A comer!

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